POR DAVID GARCÍA

Cumplir doscientos años no está al alcance de muchas instituciones, pero el Teatro Real tiene el privilegio de hacerlo este mismo año. Y quien tiene el honor de estar al frente de tal acontecimiento es su director, Ignacio García Belenguer, en cuyo despacho se percibe el peso del trabajo que eso conlleva. No en vano, recuerda, el Teatro Real es «la primera institución cultural de las artes escénicas en España». Y la conmemoración llega en el mejor momento de la entidad, coincidiendo además con el vigésimo aniversario de su reapertura tras las obras de rehabilitación.

García Belenguer, que se define como un hombre «tremendamente práctico», traslada esa cualidad a su despacho. Asegura que desde que llegó a la dirección del teatro, hace ahora cuatro años, ha preferido no hacer cambios sustanciales. Lo único que ha añadido ha sido una sala de juntas a la entrada del propio despacho, presidida por una imponente imagen del teatro visto desde su escenario. Ya en el despacho, García Belenguer también dispone de dos espacios diferenciados. Por un lado, su mesa de trabajo; por otro, un pequeño salón con un sofá y dos butacas. Aquí, en este saloncito, García Belenguer ha despachado, confiesa, con todos los artistas que han pasado por el teatro, como Plácido Domingo. Es una estancia para conversaciones más cercanas y amigables, y también más cómodas gracias al mobiliario, más confortable que las dos rígidas sillas de oficina que están frente a su mesa. Sus espacio de trabajo está presidido por un cuadro de Eduardo Úrculo y por una serie de maquetas de madera de las diferentes fachadas del Teatro Real, ancladas en la pared de espaldas a la silla. Unos elementos que, además de ser decorativos, tienen un sentido muy práctico, pues el director de la entidad utiliza estas reproducciones para decidir sobre los elementos decorativos que se colocan en las fachadas con motivo de celebraciones especiales.

Y aunque en lo sustancial García Belenguer ha optado por mantener la esencia que tenía el despacho cuando él llegó, sí confiesa que siempre lleva consigo algunos objetos que le permiten personalizar su espacio de trabajo, como varias fotografías con los Reyes tanto los eméritos como los actuales, pues antes de llegar al Teatro Real, Ignacio García Belenguer trabajó durante ocho años en Patrimonio Nacional en la Casa Real. Son recuerdos «de unos años intensos y de mucho trabajo». Además de esas fotos, en las estanterías del despacho pueden adivinarse dibujos realizados para él por sus hijos cuando visitan el teatro y algún que otro regalo.

Y por supuesto, en el despacho del director del Teatro Real no puede faltar la música. Junto a la única y pequeña ventana de la estancia, que se asoma a la calle Arrieta, García Belenguer dispone de un gran equipo de sonido de altísima calidad con una amplia colección de títulos entre ópera y música clásica. Por supuesto, el director de la entidad escucha allí las piezas que serán representadas sobre las tablas del teatro y otros títulos de su gusto. Mezcla así, por tanto, trabajo con placer. También como un medio para relajarse, ya que en muchas ocasiones las jornadas de trabajo son maratonianas, sobre todo si hay un estreno, porque García Belenguer procura estar en todos ellos.
«Entrar a esta estancia a despachar con alguien a las ocho o a las ocho y media de la tarde no es tan extraño en el Teatro Real», puntualiza su director, dando cuenta así de una evidencia, que es uno de los despachos con más vida de todo el panorama cultural nacional.