Las versiones de América pueden ser incontables.

POR JOSÉ LUIS DÍEZ-GARDE

Tenemos la del sueño americano, que esta temporada sirve de inspiración para colecciones como las de Dolce & Gabbana y Antonio Marras –aunque, ojo, van con truco–. Ellos se quedan con esa versión kitsch que presentaba Sergio Leone en aquellas películas que crearon un género en el que España tuvo mucho que decir, el spaghetti western. Los bordados de cactus, los revólveres o los vaqueros habitan en ese universo que la pasarela defiende este invierno.

Está también la visión pacifista de los hippies y Woodstock que encontramos en la colección de Peter Dundas para Roberto Cavalli. La firma vuelve la vista atrás y trabaja un estilo en el que se les nota cómodos y donde presentan su visión del género con juegos de piel, terciopelos y transparencias.

Como lo sigue haciendo Alessandro Michele en Gucci que, con Riccardo Tisci, presenta la imagen de la América de la libertad y los derechos humanos, en el caso de la firma italiana con Snoopy como gurú filosófico. El primero sigue con el mismo vocabulario al que nos tiene acostumbrados desde su llegada a la casa, mientras Tisci rescata los flecos y al Marlboro Man.

También encontramos la imagen de las grandes llanuras, tierra de indios navajos, cuyo estampado aparece como un rayo cegador en la colección de Valentino.

Otro caso es el de  Pierpaolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri, que buscan la individualidad masculina.

Y no nos olvidamos de la mezcla de glamour y rock de Los Ángeles, cuyo mayor defensor es Hedi Slimane en Saint Laurent, que prescindió de París para presentar sus propuestas en la ciudad que más ama. Para él, el negro y la silueta slim siguen siendo la clave.