Piedra, agua, luz, naturaleza… Estos cuatro elementos no son, a priori, el epítome del lujo. Pero combinados en sus dosis exactas se convierten en el no va más del placer. La muestra son las Termas de Vals y el resort 7132.

POR VÍCTOR GODED

El auditorio del Palacio de la Legislatura de  Buenos Aires rompió a aplaudir cuando Peter Zumthor se subió al estrado. Las manos de 200 personas se convertían en la orquesta que acompañaba la entrega del premio Pritzker 2009, el galardón de mayor prestigio internacional en el campo de la arquitectura. Suponía el aldabonazo a una carrera en la que Zumthor ha dejado su sello de autor por Alemania, Austria, Holanda, Inglaterra, España, Noruega, Finlandia o Estados Unidos. Pero su obra maestra, con su inconfundible estilo, está en Suiza, donde nació en 1943: las Termas de Vals.

«Montaña, piedra, agua. Construir en la piedra, construir con piedra, dentro de la montaña, construir de la montaña, estar dentro de la montaña». Con este laberinto de conceptos diseñó este complejo termal en Vals, un pequeño valle del cantón de los Grisones, a 1.250 metros de altitud. 7132, la clave del relax 1

«El viejo edificio de las termas estaba en ruinas y su propietario en la quiebra, así que el ayuntamiento de Vals lo compró y convocó un concurso para revitalizarlo», explica Annalisa Zumthor, esposa del arquitecto y directora del establecimiento. Eso fue en 1983. El concurso lo ganó Zumthor con la propuesta de crear un espacio único y excepcional: un inmenso bloque integrado en el paisaje de la montaña. La piedra local, la cuarcita, fuerte y resistente a las bajas temperaturas, fue su fuente de inspiración y la que dictó las normas de la cimentación. En total se usaron 60.000 piezas en diferentes acabados y procesadas de forma distinta para dar como resultado una construcción semienterrada en la loma de la montaña que se integra en ella de manera que parece imposible pensar que hubieran nacido separadas. La utilización de un tejado plano cubierto de hierba ayuda a dicha percepción. El creador cumplía de este modo con la única condición impuesta: que no se levantara en altura para no perjudicar las vistas. El resultado, inaugurado en 1996, es una estructura con forma de cueva, una mezcla de espacios cerrados y abiertos donde la oscuridad y la luz bailan entre los intersticios de vidrio.

Al caer la noche, solo los huéspedes del 7132 pueden acceder a las termas

El único modo de entrar a las Termas de Vals, hoy integradas en el megalujoso resort 7132 –que toma el nombre del código postal de la localidad–, es a través de un pasillo subterráneo que parte del lobby del hotel y atraviesa la montaña. El área principal está dividida en varias piscinas termales: una interior a 32 ºC; dos exteriores, de invierno y de verano, a 36 y 30 grados respectivamente; el baño de fuego, a 42, y un baño de hielo a 14. Y cuenta con espacios especialmente conseguidos, como el baño de resonancias, una caja de piedra de varios metros de altura donde los juegos de luces y la música, obra del compositor húngaro Giörgy Ligeti, generan una extraordinaria sensación de aislamiento y bienestar.

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Esa sensación de intimidad y paz es aún mayor al caer la noche, cuando solo los clientes del hotel tienen acceso a las termas. Las caldas son el imán que atraen todas las miradas, pero el santo grial del resort es su lujosísimo y recogido hotel, con unas estancias tan integradas en la montaña que casi permiten rozar con las manos la nieve en invierno y la hierba en verano. Alojarse en sus suites, concebidas con las reminiscencias japonesas del arquitecto Tadao Ando, la finura de Kengo Kuma, la sutileza de Thom Mayne y, por supuesto, el toque de Zumthor, es alcanzar el éxtasis.7132, la clave del relax 3

Sus propuestas grastronómicas, cómo no, también están a la altura. Combinan la cocina internacional con comida gourmet popular y especialidades italianas.

El hotel 7132 y las Termas de Vals son la culminación del sueño de Peter Zumthor. Una ilusión que tuvo antes incluso de que el premio Pritzker, el Nobel de la Arquitectura, presidiera su estudio: «No quiero hacer el edificio más bonito, sino el lugar más hermoso». Y damos fe: lo es.


Se hace camino al andar

El espacio interior está cuidadosamente diseñado y conduce a los bañistas a puntos predeterminados, pero les permite explorar otras áreas del resort por sí mismos. «Todo el mundo encuentra aquí su propio camino», asegura Peter Zumthor.7132, la clave del relax